La noche del martes prometía ser un rayo de esperanza para los aficionados de los New York Yankees. Con el esperado regreso de su capitán, Aaron Judge, tras diez partidos en la lista de lesionados, el Yankee Stadium (metafóricamente, al ser en Arlington) contenía la respiración. Sin embargo, la realidad golpeó con fuerza.
Lejos de ser el salvador instantáneo que muchos anhelaban, la presencia de Judge no alteró la sombría fortuna de un equipo en caída libre. El dos veces MVP tuvo una noche frustrante en el plato, ponchándose en sus dos primeros turnos y terminando de 0-3. Su regreso fue eclipsado por la actuación sensacional del abridor de los Rangers, Nathan Eovaldi, quien demostró estar en una forma imparable.
El partido se mantuvo en un apretado duelo de picheo sin anotaciones hasta la octava entrada, cuando Texas finalmente rompió el cero. A pesar de los esfuerzos combinados de los lanzadores de los Yankees, que mantuvieron a raya a la ofensiva rival durante gran parte del encuentro, un bambinazo en las entradas finales y el cierre impecable de Phil Maton sellaron una victoria de 2-0 para los Rangers. Fue una derrota descorazonadora.
Esta caída marca la quinta derrota consecutiva para los Yankees, agravando aún más su preocupante récord de 7-11 desde la pausa del All-Star. Con un balance general de 60-54, el equipo se encuentra ahora en grave riesgo de quedar fuera de la contienda por los playoffs de la Liga Americana, un escenario casi impensable hace unas semanas.
Lo que se vivió el martes fue un microcosmos de los problemas que han azotado a los Yankees, quienes han registrado un alarmante récord de 18-29 desde mediados de junio. La tan «temida» ofensiva de Nueva York ha sufrido un declive drástico. Esta slump comenzó incluso antes de que Judge ingresara a la IL por una distensión en el flexor de su codo derecho. La esperanza de que el regreso de Judge encendiera la chispa fue efímera ante el dominio absoluto de Eovaldi.
El primer turno al bate de Judge desde el 25 de junio fue un reflejo de la noche. Eovaldi lo trabajó con maestría hasta un conteo de 1-2, para luego abanicarlo con un splitter diabólico que se hundió justo debajo de la zona de strike.
Su segundo turno no fue diferente. Eovaldi, implacable, le lanzó dos rectas y una curva que indujo un swing en blanco para el segundo strike, seguido de un sinker engañoso que se desvió por debajo de sus rodillas, sellando el segundo ponche. Finalmente, Judge se fue con un rodado en su tercer y último turno.
El contraste no podía ser mayor: mientras Judge y sus compañeros luchaban, Nathan Eovaldi lanzaba ocho entradas en blanco de ensueño, ponchando a seis bateadores y reduciendo su efectividad de la temporada a un increíble 1.38. Fue una exhibición de picheo que dejó claro quién era el amo de la noche.
La historia de los Yankees en esta temporada parece estar en un momento crítico, y el regreso de su superestrella, por ahora, no ha sido la solución mágica que el equipo y la afición necesitaban desesperadamente.